Antes de nada, debemos conocerlos un poco más. Los códigos QR (Quick Response) fueron creados en Japón en 1994. Estos se crearon para simplificar el acceso a información, aunque normalmente se usan para codificar enlaces web.

Cada uno de los códigos QR tiene la capacidad de almacenar alrededor de 3 KB de datos. No solo pueden codificar enlaces, pueden codificar archivos, imágenes e incluso textos.

Los códigos QR son una manera de almacenar datos y mostrarlos de una manera muy simplificada. Vendría a ser una versión más moderna de los tradicionales códigos de barras que encontramos en cualquier producto. Ambos tienen en común que están pensados para que cualquier dispositivo los pueda leer de una manera fácil y confiable.

Es cierto que los códigos QR están limitados, pero solamente en capacidad de almacenamiento, vamos, de información que pueden contener. Realmente, no existe un límite en cuanto a la cantidad finita de este tipo de representaciones que se pueda generar.

Algo bastante curioso es que, si por un casual, dos personas generan el mismo código QR, el primero no dejará de funcionar. Da igual si ambos tienen el mismo diseño y contenido distinto. Podremos leerlos con un dispositivo sin problemas y nos mostrará la información contenida.